2011/09/13

Cambio climático-Estrategias de Sostenibilidad: Arauco se planta en tierra (Chile)


El gigante chileno de productos forestales se vuelva a las energías verdes para combatir el cambio climático. La estrategia ya genera beneficios.


Gustavo Stok / Asunción y Buenos Aires

La crisis golpeaba sin piedad a la chilena Celulosa Arauco, una de las mayores empresas globales de productos forestales. A fines de 2008, el derrumbe de la demanda de la industria papelera había empujado al precio de la tonelada de celulosa, el principal producto de la compañía, a unos US$ 400, menos de la mitad del valor registrado a inicios de ese año.   

El impacto amenazaba con dejar huellas en Arauco, pero entonces intervino como amortiguador un factor inesperado: la venta de energía. Arauco había ingresado al negocio de la producción de energía con biomasa en 1994 con el objetivo primario de alcanzar el autoabastecimiento. El tiempo demostró que aquella meta podía proyectarse más allá. "Además de enfrentar con energía limpia los retos del cambio climático, en los años en que el precio de la celulosa estuvo en niveles bajos, la venta de energía se convirtió en uno de los negocios más rentables para la empresa", dice Iván Chamorro, gerente de Asuntos Públicos y Responsabilidad Corporativa de Arauco, en Santiago de Chile.

Así, con un enfoque de mercado y la rentabilidad como norte, la compañía chilena fue tornando más verdes sus procesos. "Los esfuerzos de adaptación frente al cambio climático llevaron a la empresa a transformar esa lucha en parte fundamental de su estrategia de negocios", dice Chamorro. "De otra manera, esos esfuerzos no hubieran sido sustentables".

Solo para grandes

Casos como el de Arauco, con un enfoque de mercado para adaptar las prácticas empresariales a los cambios emergentes en el clima, aún son aislados en América Latina. "Con la excepción de las grandes empresas, los niveles de conocimiento acerca de las amenazas y costos de oportunidad relacionados con el cambio climático son todavía bajos en el sector privado de la región", dice Gregory Watson, líder del equipo de Cambio Climático del Fondo Multilateral de Inversiones (FOMIN), miembro del Grupo BID.

El FOMIN ha diseñado una agenda en relación al cambio climático que pivota sobre dos ejes, ambos con la problemática que puntualiza Watson en mente. Por un lado, se procura demostrar la viabilidad comercial de modelos de negocios que amplíen el acceso a fuentes de energía limpia y el uso eficiente de energía por parte de las micros, pequeñas y medianas empresas. Por el otro, se intenta mejorar el acceso de esas compañías a los mercados de carbono. "En esa tarea", dice Watson, "la divulgación de casos de éxito es una de las claves para que los pequeños jugadores privados estén más incentivados en reducir los riesgos asociados con el clima".

Uno de esos casos bien podría ser el de Arauco. Casi dos décadas después de su apuesta por la energía, la segunda mayor productora de celulosa y una de las mayores productoras de paneles de madera del mundo, cuenta hoy con nueve plantas generadoras. La empresa produce a partir de la biomasa mediante la reutilización de los subproductos del proceso industrial —esto es, despunte, aserrín, astillas, ramas y otros desechos del bosque. Además, el vapor usado en las distintas etapas del proceso productivo es conducido a través de turbinas para generar electricidad.

La decisión tiene beneficios múltiples, pues no solo le garantiza a Arauco la continuidad del suministro de energía a menores costos sino que permite captar un ingreso extra por la venta de los excedentes al Sistema Interconectado Central (SIC) de Chile. De hecho, en 2010, unos 180 MW, equivalentes al 27,5% del total de la energía generada por la empresa, fue derivado al SIC. Esa energía es suficiente para iluminar en forma simultánea a Talcan, Chillán y Valdivia, tres ciudades importantes del interior chileno.

Bonos verdes

Arauco decidió jugar sus cartas incluso antes de que la discusión del cambio climático estuviera marcada en rojo en la agenda global, y ese movimiento le proporcionó una ventaja. Según un reciente estudio de la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés), los sectores de generación de energía y transporte aportarán más del 70% del incremento estimado de emisiones de dióxido de carbono (CO2) hasta 2030. En ese marco, las empresas con elevada dependencia de energía, al estilo de las compañías de productos forestales como Arauco, deberán redoblar sus esfuerzos de adaptación para competir en un ambiente de negocios más verde.

La empresa chilena tiene parte del camino recorrido. La utilización de biomasa forestal, una tecnología neutra en emisiones de CO2 y un recurso natural renovable para la producción de energía, fue la llave para que se acogiera al mecanismo de desarrollo limpio (MDL) del Protocolo de Kioto, un instrumento legal que establece metas para la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) en países desarrollados.

Además de reducir su dependencia de combustibles fósiles, Arauco se convirtió en una compañía pionera en la región en la emisión y venta de Certificados de Reducción de Emisiones (CERs) o bonos de carbono mediante las cuatro unidades cogeneradoras inscriptas como MDL. La transacción de estos bonos permite a gobiernos y empresas de países desarrollados adquirir reducción de GEI para alcanzar sus respectivas metas de disminución de emisiones. 

Con esa estrategia, Arauco ha obtenido ingresos por unos US$ 20 millones debido a la venta de algo más de un millón de CER(1) desde que inició su comercialización de bonos en 2007. Entre los compradores figuran la danesa Nordjysk Elhandel, dedicada al desarrollo de soluciones de energía verde para consumidores europeos y mercados internacionales, y la japonesa Tokio Electric Power Company (TEPCO), la compañía a cargo de la malograda planta nuclear de Fukushima Daiichi. "La venta de los bonos nos permite amortizar hasta un 30% de la inversión para la construcción de las plantas de energía", dice Chamorro.

Tras la huella

Otro de los pasos dados por Arauco para enfrentar los retos del cambio climático fue la medición de su huella de carbono. El proceso implica medir todas las emisiones de dióxido de carbono de la compañía —desde la plantación y cosecha de árboles hasta sy exportación, pasando por procesos industriales y transporte— en Chile, Argentina, Uruguay y Brasil, los países donde mantiene operaciones industriales.

El objetivo principal es identificar los puntos de mayor emisión para optimizar los procesos, pero hay otras metas en mente. Con la celulosa, paneles y madera aserrada comercializados en 71 países, Arauco debió ajustar su oferta a las crecientes exigencias medioambientales en mercados como el chino y el estadounidense. Un ejemplo: cuatro de las quince preguntas del índice que aplica Wal-Mart a sus proveedores para demostrar su compromiso y mejora en la protección del medio ambiente hacen referencia a la huella de carbono de los proveedores. Tener disponible la información de esa huella para clientes, proveedores e inversionistas es la única manera de no perder mercados y competitividad frente a empresas de países como Nueva Zelanda y Australia que ya invierten con decisión en negocios ambientalmente sostenibles.

La medición de la huella de carbono permitió además a Arauco dimensionar también cuántas emisiones de GEI captura y, con ello, mejorar el manejo de sus plantaciones forestales. "La ventaja de la industria maderera en relación con la huella de carbono es la captura de los GEI de plantaciones de rápido crecimiento, como pino y eucaliptos", dice Chamorro. Según la empresa, los datos más básicos de su propia medición del foot print arrojaron que Arauco captura 12 millones de toneladas al año de GEI a través de sus plantaciones forestales, y emite 2 millones de toneladas por su actividad productiva. "Por lo tanto", dice Chamorro, "es un negocio negativo en emisión de carbono". Arauco tiene en inventario en sus plantaciones 250 millones de toneladas de carbono, equivalente a las emisiones de todo Chile durante tres años.

En el mercado interno, la apuesta de la empresa pasa por incentivar más construcciones en madera, pues el bosque no sólo secuestra carbono: construir en madera consume 50 veces menos energía que el cemento, de acuerdo a estimaciones de la propia empresa.

Aun con toda la tarea hecha, el potencial es todavía grande. Para Watson, del FOMIN, "el cambio climático es el principal mercado descuidado y, al mismo tiempo, la principal oportunidad de mercado". Arauco puede dar fe de eso: sus respuestas frente al cambio climático ya generan múltiples beneficios.

El Banco Interamericano de Desarrollo no es responsable por el contenido editorial; los puntos de vista expresados en el artículo son del autor o autores.


Ver fuente: 

Fuente: Banco Interamericano de Desarrollo.  

http://www.iadb.org/micamericas/section/detail.cfm?language=Spanish&id=9127&sectionID=SPCAL

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