2009/12/05

Los árboles no mueren de pie

Fuente: Diario La Voz del Interior - Suplemento Temas. Domingo 15 de noviembre de 2009. Autor: Héctor Brondo



Alejandro Casona (1903-1965) probablemente no hubiera encontrado en Córdoba la inspiración para fundir la realidad y la fantasía y dar a luz una de sus obras de teatro mejor logradas: Los árboles mueren de pie.




Es que aquí, el filo del hacha, la furia de las topadoras y las motosierras, el fuego intencional, la desidia general y la imprevisión han convertido extensas superficies de monte nativo en terreno yermo, en páramos que angustian, en promesas de desierto. Y no hay exageración en la apelación a esas impresiones.

Un siglo atrás los bosques ocupaban 11 millones de hectáreas en la provincia. En 2000, apenas quedaba 1,3 millón de hectáreas con masa forestal.

Un estudio de los biólogos Marcelo Cabido y Marcel Zak (investigadores ambos de la UNC) señala que ya en 1960 los bosques nativos sólo se restringían a la zona norte y noroeste del territorio cordobés. Desde entonces y hasta 1999 se perdieron más de 1,2 millón de hectáreas, tanto de sierra como de llanura, destacan en el trabajo los docentes universitarios.

La contundencia de los datos y las evidencias de la realidad llevaron a Zak y Cabido a plantear la necesidad, no sólo de informar sobre esa situación de emergencia ambiental, sino de actuar sin perder más tiempo.

Para persuadir en particular a quienes debían pasar de la declamación a la acción, los biólogos realizaron un estudio comparativo de la vegetación de las sierras cordobesas entre 1969 y 1999. El relevamiento se circunscribió a cinco departamentos del norte. Los resultados fueron contundentes: en esas tres décadas, el bosque nativo se redujo un 85 por ciento. ¿Cómo fue que ocurrió eso?

Un regalo del cielo. En la década del ´90 un ciclo húmedo excepcional elevó el promedio de lluvias en el norte cordobés de 650 a 800 milímetros anuales, según los registros históricos del Centro de Investigaciones Hídricas de la Región Semiárida (Cihrsa).

Ese regalo del cielo y la suba internacional del precio de la tierra en áreas tradicionalmente agrícolas, entre otras causas, hicieron que muchos productores y empresarios de los agronegocios pusieran el ojo en zonas marginales, potencialmente aptas para la agricultura y la ganadería extensiva.

La expansión de la frontera agropecuaria se dio entonces a expensas del monte nativo, porque la preservación de éste y la conquista de tierras para cultivos y animales, se sabe, son incompatibles en Argentina. Al menos eso es lo que muestran los hechos. Esa incompatibilidad es más marcada en Córdoba que en el resto del país.

Las estadísticas de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación registran una tasa de deforestación en la provincia de entre el 2,52 y el 2,93 por ciento de 1998 a 2006, la más alta del país en ese período.

Para dimensionar mejor el dato, vale precisar que la tasa mundial de deforestación en esos años fue de 0,23 por ciento.

También sirve tener en cuenta que las del Amazonas y la de Sumatra (dos casos que fueron calificados de emergencia planetaria en deforestación) fueron del 0,38 y del tres por ciento, respectivamente, según el Foro Mundial para la Naturaleza (WWF, por sus siglas en inglés).

Fallaron los frenos. La gravedad del diagnóstico llevó a los legisladores cordobeses a sancionar la ley 9.219. Eso ocurrió el 9 de marzo de 2005. La norma prohíbe desde ese año y hasta 2015 "el desmonte total de bosques nativos en cada una de las parcelas -públicas o privadas- ubicadas en todo el ámbito de la provincia de Córdoba". También prevé como castigo a los infractores, "en todos los casos", la "obligación de reforestar con especies nativas" el área afectada, con el fin de "remediar el daño ambiental causado". ...esta es una medida accesoria de las multas, decomiso y otras penalidades contempladas en la ley para sancionar a los contraventores.

Sin embargo, desde la entrada en vigencia de la ley 9.219 se produjeron centenares de infracciones sin que se advierta de manera contundente la reparación efectiva, mediante la reforestación, del perjuicio causado. (Ver Una promesa: habrá cortinas forestales )

Una de las últimas violaciones tuvo lugar en el departamento Totoral, donde inspectores de la Secretaría de Ambiente constataron el desmonte de 170 hectáreas de bosque autóctono. Para la "limpieza", los propietarios utilizaron topadoras y el fuego intencional.

El operativo se realizó a fines de octubre último en el paraje La Culebrilla. En esos días, a pocos kilómetros de distancia, los incendios forestales redujeron a cenizas unas 30 mil hectáreas, elevando a más de 100 mil las hectáreas arrasadas por el fuego en toda la provincia en los últimos dos meses. Como se ve, en Córdoba, los árboles no mueren de pie desde hace mucho tiempo.
Fuente: Diario La Voz del Interior - Suplemento Temas. Domingo 15 de noviembre de 2009. Autor: Héctor Brondo
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